La Reina Margarita de Borbón y Borbón
Dña. Margarita de Borbón-Parma, pintada por Carmen Gorbe Sánchez
El ejemplo a seguir no puede ser otro que el de quien
tomamos el nombre: la Reina Margarita de
Borbón y Borbón, conocida como El Ángel de la Caridad; Duquesa de Madrid,
Princesa de Parma y esposa del Rey Carlos VII.
Y dado el ostracismo al que es sometida la Historia de España,
con especial odio a aquellos episodios gloriosos propios del carácter hispánico,
se hace necesaria una breve biografía de tan excepcional Reina.
Hija primogénita de Luisa de Borbón —nieta de Carlos X, rey
de Francia, hija del asesinado duque de Berry y única hermana de Enrique V,
conde de Chambord—, y de Fernando Carlos III, duque de Parma, quienes se habían
casado en Froshdorf el 10 de noviembre de 1845, ante la Emperatriz reinante y
un cortejo de archiduques de Austria y de príncipes extranjeros.
Como la archiduquesa Dña. María Luisa, quien fue esposa de
Napoleón, tuvo en usufructo el principado de Parma, el joven matrimonio se
instaló en el palacio ducal de Lucca hasta el 17 de diciembre de 1847, fecha en
la que murió la viuda de Napoleón y recibieron la herencia de Parma. Pero la
revolución de febrero del año siguiente los obligó a exiliarse en Inglaterra.
Al regresar a Parma el 25 de agosto de 1849, debido a la abdicación de su
padre, el nuevo duque recibió oficialmente el nombre de Carlos III. La familia
también había aumentado: Roberto siguió a Margarita, al año siguiente nació
Alicia y, en 1851, Enrique, conde de Bardí; los cuatro hermanos vivieron
estrechamente unidos. Su padre reconoció a Isabel, la llamada «II», como reina
de España, guardando así los privilegios pecuniarios de la condición de infante
de España. En noviembre de 1853, Carlos III vino a Madrid, donde fue bien
recibido por la Corte, causando hilaridad sus acrobacias y sus chascarrillos.
Poco tiempo después, una tarde, paseando por la ciudad, fue apuñalado por
Antonio Carra. A la mañana siguiente, recibió los sacramentos y se despidió de
sus hijos, y aquella misma tarde, pidiendo perdón a su esposa, expiró: era el
27 de marzo de 1854. Desde entonces, Luisa se convirtió en la regente; los
cinco años que gobernó el ducado de 616 hectáreas lo hizo con verdadera
austeridad hasta que consiguió sustanciales mejoras en las finanzas y la
estabilidad del ducado.
Mientras el heredero y su hermano estudiaron en el colegio
de Lasalle, Margarita y su hermana Alicia lo hicieron en el colegio del Sagrado
Corazón, cuyas religiosas habían regresado debido a los ruegos de la regente a
la santa fundadora, Madre Borat. En 1859, los cuatro hermanos recibieron en
Bolonia la confirmación de manos del Papa Pío IX, siguieron viaje hacia Venecia
—que encantó a Dña. Margarita—, y luego fueron a pasar el verano a Froshdorf,
junto a los tíos Chambord, que tanto les mimaban. En Froshdorf pasaron los días
cazando y montando a caballo, pero la etiqueta tan estricta de palacio les
resultaba molesta.
Dña. Margarita se preparó con fervor para la primera
comunión que tuvo lugar el 22 de mayo de 1858 y ya por entonces sintió estar en
lugar preferente frente a sus compañeras.
La guerra entre Austria y Cerdeña les sorprendió en medio de
las vacaciones de Pascua de 1859. La regente, como tenía en su territorio la
fortaleza de Plasencia ocupada por los austríacos, no podía actuar y se resignó
a la neutralidad, enviando a sus hijos —y a su preceptor— a Brascello. Mientras
ella, con el apoyo del mayordomo mayor, y las dos niñas —disfrazadas de chico
como nietos de su aya madame de Richebois—, se hicieron pasar por una familia
francesa y, a galope, cruzaron las veinte millas que les separaban de la
frontera. Con posterioridad regresaron de nuevo a Parma, pero sólo durante
treinta y cinco días. El 13 de junio la duquesa cruzó a Suiza por la frontera
de Treviso, le acompañaba Amos Escalante como encargado de negocios de España,
mientras la bandera tricolor con el escudo de Saboya ondeaba en el palacio
ducal de Parma. Dña. Margarita y su hermana ingresaron aquel invierno en el
colegio del Sagrado Corazón de Riedenburg, donde tuvieron que aprender el
alemán.
A primeros de enero de 1864, Dña. Margarita cumplió los
dieciocho años y su madre decidió abandonar el castillo de Wartepp para
trasladarse a Venecia, donde el conde de Chambord vivía en invierno. Hacía años
que ella había adquirido el magnífico palacio Giustiniani Login, pero la ciudad
de los canales le fue nefasta a la antigua regente, quien falleció el 1 de
febrero del mismo año. El conde Chambord fue nombrado tutor de los cuatro
huérfanos que en adelante vivieron en el palacio Cavalli, en el Gran Canal.
La condesa de Chambord tenía una hermana, Beatriz de Módena,
quien tenía dos hijos: Carlos y Alfonso Carlos. Vivía separada de su esposo D. Juan
de Borbón, segundo hijo de Carlos V, quien tras la muerte de su hermano, el
conde de Montemolín en 1860, se había convertido en el heredero. A D. Juan de
Borbón nunca le interesó la política y vivía su vida en Inglaterra, a
diferencia de su primogénito D. Carlos, que no pensaba más que asumir el papel
que Nuestro Señor Jesucristo le reservó: ser Rey de España. En Trieste, en su
visita a la princesa de Beira, viuda de Carlos V, le revelaron al joven —de
diecisiete años— su destino soberano.
Por entonces D. Carlos ya se había interesado por Dña. Margarita —rubia, de ojos azules y muy simpática— era un año mayor que él, se sentía legitimista y era muy religiosa. Se conocían pero no se habían tratado; ella le temía por sus maneras bruscas y dominantes; él buscaba atraerla y para ello encontró en Venecia un picadero para montar a caballo que hizo las delicias de los Parma. Margarita empezó por entonces a aprender español —idioma que llegó a dominar—, y poco después se comprometió con su primo.
Por entonces, D. Juan intentaba reconocer a Isabel, con
justificaciones tan variopintas y vergonzantes como: «Deseo educar a mis
hijos como príncipes españoles y no como monaguillos austríacos y quiero vivir
con ellos en España». Al conde de Chambord no le gustaba la boda y fue su esposa
la que suplicó a su marido que permitiese dicho enlace, que finalmente tuvo
lugar el 4 de febrero de 1847 en Froshdorf. Durante el viaje de luna de miel,
los nuevos esposos viajaron a Trieste, donde Dña. Margarita pudo conocer la
pequeña Corte de la princesa de Beira. En adelante se manifestó profundamente
carlista; el matrimonio había despertado en ella un profundo amor hacia su
esposo.
El 20 de junio de 1868 tuvo lugar en Londres una reunión
carlista en donde D. Carlos tomó el título de duque de Madrid. El 7 de
septiembre en Gratz, la nueva duquesa dio a luz una niña a la que llamaron
Blanca de Castilla y el día 30 del mismo mes la usurpadora Isabel y su familia
abandonaron España hacia el exilio. Tres días después, en el hotel Lafitte, D. Juan
se encontró con el joven duque de Madrid y abdicó en su primogénito aquellos
derechos que tan mal había usado. En noviembre, el joven matrimonio se instaló
en París, en la calle Chauveau Lagarde, número 14.
D. Carlos se convirtió en el Rey que entregó su vida por la
salvación de España. Su esposa, Dña. Margarita, jamás quedó a la zaga, empeñando
sus alhajas para comprar fusiles, visitándole por todos aquellos lugares en los que su
esposo, sin pereza y con amor profundo hacia sus súbditos, requerían su
presencia.
El año 1870 fue ventajoso para los carlistas que se
reunieron en Suiza en la brillante junta de Vevey. El lunes de Pascua se dieron
cita numerosas personalidades llegadas de toda España para aceptar al nieto de
Carlos V frente a la amenaza de un Soberano extranjero. El 27 de junio de ese
año, Dña. Margarita dio a luz a Jaime, y la comisión de Asturias le proclamó
Príncipe de aquella región el 2 de agosto.
Años después, y habiéndose marchado «Amadeo I» a Italia, es
cuando D. Carlos hizo oficialmente su entrada en España, el 16 de julio de
1873. Aquel verano, su esposa se dedicó a crear La Caridad, organización para
auxiliar y socorrer a los soldados de ambos bandos.
Dña. Margarita estableció hospitales en Aoiz, Lacunza,
Puente la Reina, Tolosa, Azpeitia y Verastegui. Las diputaciones sufragaron los
gastos cotidianos. En el monasterio de Irache se hicieron costosas obras para
habilitarlo. Ella vivía en Tartufume, cerca de Burdeos, donde tenía un hospital
que, entre los heridos, curó a Radica.
En noviembre, ganamos la batalla de Montejurra, situado al
pie de Irache; pero Dña. Margarita no pudo acudir por estar embarazada. A
finales del año se instaló en Pau, en la Ville du Midi, donde nació una tercera
hija llamada Beatriz.
Con motivo de su santo, el 12 de junio de 1874, D. Carlos
llamó a su esposa para que viniera a España y —vestida de casera— llegó a
Dancharinea, donde se encontró con su marido al que acompañó en un viaje
triunfal en el que, montada en blanco caballo, llegó a Lasaca. Allí visitó el
hospital. Al día siguiente fue en Casernes donde pudo hablar con Barrington y
el cura Barrena que tanto trabajaron por La Caridad. En Tolosa fueron bien
recibidos y, siempre montada a caballo, recorrió Guipúzcoa y Vizcaya. En esta última
provincia despertaron tal entusiasmo que a duras penas en los pueblos les
dejaban marchar, aclamándoles sin tregua: son «los señores de Vizcaya». Dña. Margarita
no dudó en subirse al árbol de Guernica ante la emoción de los presentes y de
coger unas ramitas. Visitó los hospitales a conciencia, no le importaba
acercarse a la sala de los infecciosos y a todos preguntaba lo que deseaban,
siempre propicia a mejorar la suerte de los enfermos sin fijarse en qué bando
habían luchado.
La Reina trabajó sin descanso, haciendo llegar a las
familias de los heridos noticias de ellos, facilitando a las esposas de los
liberales que viniesen a reunirse con sus maridos, para cuidarlos si era su
deseo. Hizo listas de lo que necesitaban con más urgencia, cuidó a los enfermos
más difíciles, repasó la ropería, dio ánimo a los ingleses y franceses que les
ayudaban y trató, junto a Josefa de Calderón, de que todo funcionara a la
perfección. Los religiosos de San Juan de Dios y las Hermanas de la Caridad se
turnaban en el trabajo. Como la Reina apenas descansaba insistía en que todos
trabajasen. El doctor Landa, delegado de la Cruz Roja, vino a canjear a los
soldados liberales y se quedó maravillado con aquel hospital, felicitando por
ello a Dña. Margarita. Le gustaba vigilar la anestesia de los recién operados,
leía la oración a los agonizantes y a los enfermos de vientre los mantenía
despiertos para evitar las hemorragias.
Don Carlos, el 8 de julio, le ordenó que regresara a
Francia. Al año siguiente, el 13 de septiembre, la dejó ir unos días a
Elizondo, instalándose en Bertiz, y regresando el 19. Oficialmente ya no volvió
a España. La guerra tocaba a su fin y el 26 de febrero de 1876 D. Carlos
decidió marchar.
Murió mientras dormía; acababa de cumplir cuarenta y seis
años. Está enterrada, rodeada de sus cinco hijos, en la Tenuta Reale de
Viarregio.
Cálzame las alpargatas
Cálzame las alpargatas,
Dame la boina, carga el fusil,
Cálzame las alpargatas,
Dame la boina, carga el fusil.
Que voy a matar más guiris,
Que voy a matar más guiris,
Que voy a matar más guiris,
Que flores tienen mayo y abril.
Que voy a matar más guiris,
Que flores tienen mayo y abril.
Que yo me voy, que yo me voy,
Que yo me voy a la facción,
A defender la bandera,
De Don Carlos de Borbón.
Que yo me voy, que yo me voy,
Que yo me voy a la facción,
A defender la bandera,
De Don Carlos de Borbón.
Caballero en su caballo,
Tiene Don Carlos, ay que primor,
La boina flotando al viento,
Y entre sus manos lleva una flor.
Es la Reina Margarita,
De Parma la más bonita
Entre las flores bonitas,
Y entre las Reinas es la mejor,
Entre las flores bonitas,
Y entre las Reinas es la mejor.
Que yo me voy, que yo me voy,
Que yo me voy a la facción,
A defender la bandera,
De Don Carlos de Borbón.
Que yo me voy, que yo me voy,
Que yo me voy a la facción,
A defender la bandera,
De Don Carlos de Borbón.
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