Margarita: Pilar de Cavia

 


     Dña. María Dolores Teresa Escudero Antelo, conocida por Mayda Antelo (nació el 20-11-1915 y falleció el 17-12-2017), nieta de Doña Pilar de Cavia y Lac, versó así a su abuela en su poemario «Susurros de amor»:

 

Tenaz tradicionalista

laureada poetisa;

en su viudez recluida,

 casó con seminarista

que alivió su soledad.

 

     Y así lo declaraba D. ª Pilar en su composición publicada en «El Porvenir», Semanario Carlista, en Toledo el 7 de marzo de 1912, titulado «¡Soy Jaimista!», y en su soneto «Mis ideales» publicado también en el «El Porvenir», pero el 6 de octubre de 1910:

 

Cristiana soy, y con fervor creciente

rindo á mi Dios adoración constante,

y mi creencia nunca vacilante

es vida de mi ser, luz de mi mente.

...

y estos amores que mi vida alientan

unidos en mi pecho se aposentan:

Dios, Patria, Rey, ¡hermosos ideales!

 

     Dña. Pilar de Cavia y Lac nació el 5 de enero de 1860 en Zaragoza, donde su padre, D. Francisco, natural de Trespaderne, desempeñaba por entonces una notaría.

     D. Francisco de Cavia era un ferviente carlista, y como consecuencia de ello estuvo preso en el castillo de las Aljaferias, teniendo que pagar un rescate de 25.000 duros por su liberación. Montó después un batallón, a su costa, para engrosar las huestes de D. Carlos de Borbón.

     Viviendo en ese ambiente no podía ser de otra manera que Dña. Pilar de Cavia se impregnase de ese espíritu carlista del padre, y se declarase ferviente seguidora de D. Jaime de Borbón.

     Desde su niñez, dedicó su tiempo libre a aficiones literarias, componiendo poesías en cuartillas, algunas de las cuales fueron publicadas en periódicos de escaso alcance. ​

 

     Apenas cumplidos los trece años, componía ya quintillas briosas, que, según Luis Martínez Kléiser, eran «como latidos de emoción despertados por los horrores de la guerra carlista».

     Tenía once años cuando escribía:

Las olas del mar azul

nos dicen continuamente

así se aleja la vida

así se acerca la muerte.

     Apenas cumplidos los trece años, componía ya quintillas briosas, que eran como latidos de emoción, despertados por los horrores de la guerra carlista:

 

Pues a ese grito que aterra

con este otro contestad:

¡Hijos de esta noble tierra!

Hagamos guerra a la guerra

y paso a la caridad.

 

     Y así continuó después escribiendo madrigales, como aquel que en 1874 escribía:

 

Mas de pronto las sombras

rasga luciente

un rayo de luna que dulcemente

la linfa besa

del arroyo encantado

que me embelesa.

 

     O como las estrofas, al canto del ruiseñor compuestas en 1877:

 

Fragante rosa

flor hechicera

gala preciosa

de la pradera

mi dulce encanto

mi tierno amor

oye el rendido canto

del ruiseñor.

 

     Todo ello entre docenas de composiciones candorosas, ingenuas, pero libres de toda influencia extraña que hubiera despertado el deseo de imitación en su espíritu. Después, cuando su musa fue recibiendo la impresión de otras lecturas, imitó ahora al Campoamor de las Dolaras.

 

Al ver tu cara divina

y tu talle encantador, '

dice el vate "es una ondina”,

y el botánico, "una flor”;

.....................................

un pintor entusiasmado,

"la Virgen de Rafael" :

un goloso, "qué bocado"

un marino, "qué bajel'".

 

     Luego al Campoamor de las Humoradas:

 

Aunque viviendo morimos

y al morir resucitamos,

ante una cuna reímos

y ante un sepulcro lloramos.


     Unas veces a Núñez de Arce, como en las estrofas dedicadas a describir El Viernes Santo en la aldea:

 

Al triste y solemne son

del pausado Miserere

avanza, la procesión,

en tanto que el día muere

envuelto en negro crespón.


     En otras ocasiones, a Gabriel y Galán, como cuando pregunta en una poesía bucólica:

 

¿Conocéis a Mari Juana,

la cabrerilla serrana,

gentil como una gacela,

fresca como una manzana?

 

     Y hasta se encuentra en su florilegio alguna imitación del magnífico soneto de autor anónimo que empieza «No me mueve mi Dios para quererte», cuando en otro titulado Contrición asegura en el último terceto:

 

No os amo por la gloria prometida;

os temo humilde y os adoro tanto

sólo por ser quien sois, Dios de mi vida.

 

     Su arpa vibraba más intensamente cuando evocaba a Zaragoza, que vivía en su corazón, mientras su cuerpo vivía en Cuenca. Por eso pedía en una estrofa, al hablar de las Remembranzas, que despierta en su espíritu la jota:

 

Suena dulce evocación

de cuanto en mi corazón

tiene un trono y un altar:

Zaragoza y Aragón

y la Virgen del Pilar.

 

     Y terminaba su Viaje ideal con estas palabras:

 

Y en la inmortal Zaragoza,

donde mi espíritu goza

de dulcísimo consuelo,

tendrá fin la correría,

porque desde allí, Lucía,

sólo se puede ir al Cielo.

 

     Tras casarse con D. Santiago Antelo Merchante, hijo del último corregidor de Cuenca, se establecieron en Albalate de las Nogueras, donde él tenía propiedades. Tras el fallecimiento de su esposo, el 30 de noviembre de 1893, se trasladó a Albalate, contrajo segundas nupcias con Nicolás Vindel. Allí regentó la hacienda de su primer marido y se consagró a educar a las niñas del pueblo. Residió hasta su fallecimiento el 23 de septiembre de 1935, siendo enterrada junto a su primer marido en la  capilla de la ermita de San Sebastián, anexa al cementerio, en Albalate de las Nogueras.

     En octubre de 1911 participa en un certamen literario celebrado en Cuenca en el que consigue ser laureda con su composición titulada Tríptico. Participó también en algunos recitales poéticos celebrados en la ciudad cosechando grandes aplausos y renombre.

     Escribió cientos de composiciones poéticas, en las que cultivó los géneros bucólico y religioso, con gran capacidad para elaborar versos y producir cambiantes y reflejos a través de los cristales de colores de sus rimas.

     Durante décadas reprodujeron sus versos muchos periódicos españoles, entre ellos, El Correo de Moda, la Revista de Aragón (que dirigía su hermano Mariano), ​ la Revista Contemporánea​ y La Hormiga de Oro. Fue también colaboradora de publicaciones carlistas como El Correo Español, ​ La Bandera Regional, La Reconquista, La Defensa, El Jaimista, El Maestrazgo, ¡Aurrerá!, La Verdad, El Tradicionalista, La Trinchera, El Combate, El Cañón, La Lucha y El Radical de Albacete.

     Su hermano D. Mariano de Cavia la definió como «una doña Emilia Pardo Bazán con boina».

     Dice Luis Martínez Kleiser, periodista del ABC en un artículo publicado el 11 de enero de 1931 que «Pilar de Cavia es una poetisa malograda, que escribió jugando, que no sintió el estímulo de la vanidad, que no codició el aplauso, que barajó consonantes y metros como bolillos de encaje, buscando sonoridades, melodías y ritmos, sin verse obligada encerrar en ellos la turbulencia de la pasión, la herida del desengaño ni el acíbar de la amargura. Fue al escribir plácida, infantil, indolente; entregó sus versos a sus ocios; se reservó su alma, y por eso ofreció en sus composiciones un caudal de promesas más que una cosecha de realidades».

     Su poesía es eminentemente de marcado carácter religioso, mostrándonos una poetisa con una gran cultura y con un extraordinario dominio del lenguaje, que lo utiliza de forma magistral en su métrica y ritmo para hacernos llegar el mensaje que se propuso.

     Poesías de un profundo sentido carlista, y unas poesías llenas de un almibarado sentimiento por el pueblo que le acogió tras su viudez y al que dedicó buena parte de su tiempo en la enseñanza a las niñas de la localidad.

     Dña. Pilar de Cavia es acaso una poetisa ma­lograda, que escribió jugando, que no sin­tió el estímulo de la vanidad, que no codició el aplauso, que barajó consonantes y me­tros como bolillos de un encaje, buscando sonoridades, melodías y ritmos, sin verse obligada a encerrar en ellos la turbulencia de la pasión, la herida del desengaño ni el acíbar de la amargura. Fue al escribir plá­cida, infantil, indolente; entregó a sus ver­sos sus ocios; pero, tal vez, se reservó su alma, y por eso ofreció en sus composicio­nes quizá un caudal de promesas más que una cosecha de realidades.

     Fue Margarita completa, pues la poetisa es la profesión que administra los pétalos.

 












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